Archive for Julio, 2009

Thomas Merton por Francisco Arias Solís

Viernes, Julio 31st, 2009

Alberto Lista por Francisco Arias Solís

Jueves, Julio 30th, 2009

ALBERTO LISTA
(1775-1848)

“…ven; contigo la paz, la tolerancia,
y la amistad hermosa
embellezcan la tierra ya dichosa.”
Alberto Lista

LA VOZ DEL MAESTRO DE POETAS

Lista fue algo más que un escritor notable y un pedagogo de positiva influencia: fue también un hombre de acción que desarrolló hasta poco antes de su muerte una actividad incesante, con el propósito de influir en las circunstancias político-social de su tiempo.

Alberto Lista y Aragón nació en Sevilla el 15 de octubre de 1775. Sacerdote, en su juventud vivió y escribió en Sevilla, al lado de otros miembros de la llamada “segunda escuela poética” sevillana, de la que puede considerarse el autor más representativo y prestigioso. En 1793 fundó la “Academia de Letras Humanas”, con Manuel María de Arjona y José Felix Reinoso. Como poeta es un notorio representante de los gustos neoclásicos y del culto a los autores españoles del Siglo de Oro, en especial los sevillanos Herrera y Rioja. Su creación literaria está concebida según un lema que él mismo se impuso: “pensar como Rioja, escribir como Calderón”, aunque también hay huellas de otras influencias. Su obra, en la que coexisten los temas religiosos con los amorosos y los asuntos civiles propios del ideal ilustrado fue editada en 1822 y 1837: Poesías de Don Alberto Lista. Escribió también numerosos discursos critico-literarios: Lecciones de literatura española explicadas en el Ateneo de Madrid (1836), Lecciones de literatura dramática española (1839) y Ensayos literarios y críticos (1844). Fue también autor de una comedia, La Rufina, estrenada en 1811.

El himno Al sueño de este poeta sevillano figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española.

Lista hace su aparición a .la escena literaria y política en la época prerromántica. En la misma época de Cadalso, Meléndez Valdés, de Cienfuegos. Teóricamente, Lista fue más bien un antirromántico. Formó como se sabe, a muchos jóvenes, primero en Sevilla y luego en Madrid y Cádiz, que más tarde brillaron en la política y en las letras entre ellos, Espronceda, Patricio de la Escosura , Ventura de la Vega y Bécquer.

Emigra en 1813 a Francia, y después de un corto exilio, debido a sus simpatías por la causa de José I, volvió a España. En 1823 le vemos ya en Madrid, dirigiendo el colegio de San Mateo. Pero el éxito de su sistema de enseñanza suscitó envidias, y el colegio fue cerrado oficialmente.

Igual que sirvió activamente a los franceses en 1810, sirvió desde 1828 a Fernando VII como periodista oficial de La Gaceta de Bayona y en 1836 se dejó comprar por el ministro Mendizábal para que apoyase en la prensa su política anticlerical. ¿Cómo es posible, se pregunta su biógrafo Juretschke, que un hombre de espíritu tan voluble, llegara a ejercer una influencia tan importante en la juventud? La frase de Larra, comentando unas conferencias de Lista en el Ateneo, en 1836, parece demostrarlo: “Discípula suya es casi toda la juventud del día”.

En 1838, llegado a la cima de su carrera social y literaria –tenía sesenta y tres años-, Lista abandona la Cortes y llega a Cádiz, para dirigir el Colegio de San Felipe Neri. Esta vez la retirada parece sincera y se refugia definitivamente en la enseñanza, primero en Cádiz, luego en Sevilla, hasta su muerte, ocurrida el 5 de octubre de 1848, no sin antes haber sido nombrado –premio a su vuelta al redil- canónigo de la catedral sevillana y profesor de la Universidad hispalense. Y como dijo nuestro poeta en el poema “El triunfo de la tolerancia”: “¡Ay! ¿cuándo brillarás, felice día, / en que estreche el humano / con el humano la amorosa diestra? / ¿cuándo será el momento que destierre / a la olvidada historia / el grito funeral de guerra y gloria?”.

Francisco Arias Solis

Paz, queramos paz.

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Enrique Gil y Carrasco por Francisco Arias Solís

Miércoles, Julio 29th, 2009

ENRIQUE GIL Y CARRASCO
(1815-1846)

“Mañana ¿qué será de tus encantos
de tus bellos matices, pobre flor?
No habrá pesares para ti, ni llantos,
ni más recuerdos que mi triste amor.”
Enrique Gil y Carrasco.

LA VOZ DE LA MELANCOLIA

La definición del Romanticismo no se absorbe por señalar algunas de sus características significativas. El Romanticismo es algo más que “el liberalismo en la literatura”, como la definió Víctor Hugo. Como también excede el Romanticismo a la difundida opinión que lo asimila a la melancolía y al sentimiento de la nostalgia, pues si eso conviene a una obra como la de Enrique Gil y Carrasco, en absoluto se aproxima a otros autores románticos, basados en un sentimiento de energía, como el Duque de Rivas, Patricio de la Escosura o Quintana.

Gil y Carrasco, el poeta de la melancolía, de la sensibilidad lírica, casi enfermiza, es autor de poco más de una treintena de composiciones, que, no obstante, son suficientes para situarle en un lugar no despreciable entre nuestros poetas del romanticismo.

Enrique Gil y Carrasco nace en Villafranca del Bierzo, el 15 de julio de 1815. Su padre era el administrador de las fincas de la Marquesa de Villafranca. Los primeros años de Enrique pasan en su ciudad natal, hasta que su padre es sustituido en el cargo, y marcha a Ponferrada. Allí estudió en el Colegio de los Padres Agustinos.

En 1829 Enrique Gil ingresa como estudiante en el Seminario de Astorga. Allí permanece hasta 1831. Al año siguiente, acude a la Universidad de Valladolid y se matricula en Leyes.

En septiembre de 1836 el poeta se encuentra ya en Madrid, donde frecuenta las reuniones de “El Parnasillo” en compañía de lo más granado de la literatura del momento: Mesonero Romanos, Ventura de la Vega, Bretón de los Herreros y Larra, entre otros muchos.

Con la apertura del Liceo (1837) Enrique Gil empieza a ser conocido como poeta. Espronceda, lee públicamente en diciembre de ese año la composición “Una gota de rocío” de Enrique Gil, que inmediatamente se publicará en El Español.

Enrique Gil comienza en el año 1838 su colaboración en El Correo Nacional y ese mismo año uno de sus poemas, “La niebla”, es seleccionado para el album de sus composiciones poéticas que El Liceo regala a doña María Cristina de Borbón.

Sus colaboraciones y su obra poética no dejan de crecer durante el año 1839, hasta que sintiéndose enfermo emprende viaje a Ponferrada para reparar su salud al lado de su familia. Durante su retiro escribe su primera novela, El lago de Carucedo (1840).

De regreso a Madrid, Espronceda le obtiene el puesto de ayudante de la Biblioteca Nacional. Funda con su amigo Miguel de los Santos Alvarez la revista El Pensamiento.

La muerte de Espronceda, le hace escribir en 1842 su último poema “A Espronceda”, que leerá ante la tumba del poeta, en el cementerio de San Nicolás. Ya no volverá a componer más obra lírica, pero en ese mismo año redacta El señor de Bembibre, considerada la novela histórica española más importante de la época romántica y que tiene como telón de fondo la disolución de los templarios en España.

En 1844 Enrique Gil llega a Berlín para desempeñar su cargo de representante de España en Prusia. La suerte le sonríe, pues el sabio barón Humboldt lee con interés su novela El señor de Bembibre y se convierte en entusiasta de ella. Por su mediación el propio rey de Prusia lee El señor de Bembibre . “En las páginas de este libro nace –decía Azorin-, por primera vez en España, el paisaje en al arte literario”. Y añade: “El Bierzo lo ha pintado Enrique Gil”.

Estos éxitos no pueden sin embargo detener el curso de su enfermedad. Afectado por la dureza del invierno, Enrique Gil pide permiso para retirarse a Niza, a descansar en clima más benigno. Prepara el viaje, pero antes de realizarlo recae gravísimamente enfermo y ya no puede levantarse de la cama. Fallece el 22 de febrero de 1846, a los treinta y un años de edad.

Su poema “La violeta” figura en las cien poesías líricas escogidas por Menéndez Pelayo entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna. A dicho poema pertenecen estos versos: “Irá a cortar la humilde violeta / y la pondría en su seno con dolor, / y llorando dirá: “¡Pobre poeta! / ¡Ya está callada el arpa del amor!”.

Francisco Arias Solís

Será vano el intento de humanizar las guerras. Lo humano es evitarlas.

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Ángel Guimerá por Francisco Arias Solís

Martes, Julio 28th, 2009

ÁNGEL GUIMERÁ
(1845-1924)

“El Vendrell, voltat de vinyes que el pagès amb el seu art exquisit treballa,
carregades a l’estiu del fruit saborós d’on regala a doll fet
el vi ardentíssim per a encendre la sang de les venes.”
Ángel Guimerá.

LA VOZ PROFUNDAMENTE HUMANA

En realidad y al margen de determinados intentos esporádicos, los inicios teatrales de Cataluña los hallamos a principios del siglo XIX, periodo en el que hace su aparición José Robreño, autor-actor de excepcional dinamismo y síntesis de la más pura vocación teatral.

La aparición de Guimerá coincidió con una de las crisis más agudas del teatro catalán. La escena catalana había perdido toda su relación con el público, el cual desertaba de las salas de espectáculos cansado de no hallar contenidas, en el teatro, ninguna de sus aspiraciones, anhelos o inquietudes.

En estas circunstancias aparece Guimerá, que viene a dar una inyección de vida a un teatro que moría de decrepitud, de vejez prematura, de inercia. Fue preciso que el ingenio constructivo de Guimerá dotase a la escena catalana de un valor indiscutible de originalidad y de universalidad, para que el teatro catalán recobre su perdido prestigio. Su Gala Placidia, estrenada en el teatro Novedades el día 8 de mayo de 1879, señala los comienzos de un teatro mayor. Poeta de una gran fuerza interna, profundamente humano, Guimerá exalta las pasiones del pueblo y canta el amor como fuente fecunda de vida, por cuya razón su teatro se convierte en un poderoso elemento de reconstrucción y orientación social, cumpliendo, de esta manera, la altísima misión que tiene reservada el teatro.

Ángel Guimerá nace en Santa Cruz de Tenerife el 6 de mayo de 1845. Hijo de catalanes residentes en Canarias. De niño se trasladó a Barcelona. Vivió desde entonces entre la capital catalana y la pequeña población tarraconense de El Vendrell. Comienza escribiendo en castellano, sin olvidar la lengua catalana. Al obtener un premio en los juegos florales de Barcelona en 1875 se consagra como escritor catalán. Como poeta fue proclamado “mestre en gai saber” en 1877. Su obra lírica está impregnada de un acento hondo, delicado y de gran poder descriptivo. Con Gala Placidia inicia una época histórica del teatro catalán. Entre otras obras notables de este poeta dramático vigoroso y vibrante, citemos. Judit de Welp (1883), El fill del rei (1186) Mar i cel (1888), María Rosa (1894), Terra baixa (1897), La reina jove (1911), etc. Ninguna de sus obras tuvo, sin embargo, la universal resonancia de Terra baixa, tragedia poética bien construida, traducida a casi todos los idiomas y que sirvió de argumento a la ópera alemana Tiefland, del maestro D’Albert, que también puso música a su drama La filla del mar (1900). Angel Guimerá muere en Barcelona el 18 de julio de 1924.

El impulso dado al teatro por Ángel Guimerá era obligado que ejerciera una lógica influencia en los medios literarios de Cataluña. Este fue el motivo por el cual se incorporaron al teatro catalán otros escritores de indudable mérito que, desde ángulos distintos, vitalizaron nuevamente la escena catalana. Entre estos autores deben destacarse los nombres de Alberto Llanas, Emilio Vilanova, José Pin y Soler, etc., los cuales afirmaron la personalidad indiscutible de un teatro esencialmente catalán y profundamente universal. En 1892 estrena por primera vez en un teatro público –el “Calvo-Vico” – Ignacio Iglesias. L’angel de fang obtuvo un gran éxito. Algo más tarde, entra en el campo escénico catalán la obra mordaz e irónica de Santiago Rusiñol, dramaturgo sensible a todas las inquietudes, que cierra el periodo de plenitud del teatro catalán. Un teatro con voces profundamente humanas, en el que destaca Guimerá, a quien por tragedias como Gala Placidia, y especialmente por el drama rural Terra baixa, se considera el gran dramaturgo catalán.

Francisco Arias Solís

Tolerancia cero contra la corrupción.

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Emilio García Gómez por Francisco Arias Solís

Lunes, Julio 27th, 2009

EMILIO GARCÍA GÓMEZ
(1905-1995)

“Sin ti mis días se tornaron negros
y contigo mis noches eran blancas.”
Emilio García Gómez. Quasidas andaluzas.

LA VOZ SABIA DE UN POETA

Emilio García Gómez es una de las grandes figuras intelectuales del siglo XX. Arabista, catedrático, historiador y articulista. Reunía a la vez su condición de sabio y su condición de poeta, algo que no se da con demasiada facilidad. Fue sobre todo un gran humanista por debajo de su arabismo y en torno a él. Sus maestros fueron Miguel Asín Palacios, Julián Ribera y Gómez Moreno.

Emilio García Gómez nace en Madrid el 4 de junio de 1905. Cursa estudios de Filosofía y Letras, especializándose en árabe. Posteriormente se doctora en la Universidad de Granada y pronto se convierte en una reconocida autoridad en su disciplina. En 1932 funda con la ayuda de Fernando de los Ríos la Escuela de Estudios Árabes de Granada y también la correspondiente de Madrid y ligado a ella y a sus enseñanzas universitarias sacó la prestigiosa revista Al-Andalus. En la ciudad de Alhambra cuenta con la amistad de Falla y Lorca. Los poemas del Diván del Tamarit, de Federico García Lorca, están planteados a la manera de los poemas arábigos-andaluces que García Gómez pone en circulación en 1930. Emilio García Gómez contrae matrimonio con María Luisa Fuertes Grasa, que fue directora de la Biblioteca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Junto a su erudita labor como arabista, García Gómez ocupó diversos cargos diplomáticos. Fue embajador de España en Bagdad, Beirut y Ankara entre 1958 y 1969. Académico de la Lengua y de la Historia., de la que fue director de 1988 hasta su muerte. Único miembro español de la Academia de Marruecos. Fue investido doctor honoris causa por varias universidades europeas y árabes. Entre su muchísimas distinciones figuraban el premio Fastenrath (1930), Premio Mariano de Cavia (1983), el Internacional Bagdad (1985), el Nacional de la Historia (1989) y el Príncipe de Asturias de Comunicaciones y Humanidades (1992). Hijo Predilecto de Andalucía (1988), Hijo adoptivo de Córdoba y Medalla de Oro de la Ciudad de Granada. Toda su vida se confesó monárquico. El Rey poco meses antes de su muerte le concedió el título de conde de los Ahxares.

El más insigne arabista de nuestras letras y miembro ilustre de la generación del 27 murió en Madrid el 31 de mayo de 1995. El académico recibió sepultura en Granada, al ser ese su expreso deseo.

Para la Alambra ha sido una persona fundamental, fue el que volvió a leer y traducir las poesías epigrafiadas en los muros de palacio de Ibn Zamrak, el poeta de la Alhambra. Su verdadera vocación de poeta quedó plasmada en uno de sus primeros libros, Poemas arábigoandaluces, en el que captó la belleza de la poesía árabe de forma verdaderamente sorprendente. “Cuando en 1930 apareció la primera edición de este libro –escribía García Gómez-, logró de la crítica y del público una acogida para mí inesperada. Sorprendió, sin duda, esta nueva cala en el alma de nuestra divina Andalucía. Por aquel entonces; además muy próxima la conmemoración del III Centenario de don Luis de Góngora, por primera vez entendido, después de su época, por un grupo de eruditos y de artistas”. En su libro La silla del moro nos demuestra que es también un gran prosista.

En su labor de traductor, fue el primer español que vertió al castellano El collar de la paloma –al que pertenece la conocida y bella estrofa: “Nuestros lechos sirvieron para nuestro vino, y / para cubrirnos, la tiniebla rasgó sábanas de su piel. / De corazón a corazón se acercaba el amor; de labio a labio / volaba el beso.”-, un tratado sobre el amor del formidable polígrafo cordobés Ibn Hazm, que unas veces nos recuerda a Sthendal y otras a Proust y que Emilio García Gómez tradujo y publicó tan limpiamente como las Memorias de Abd Allah, subtituladas por él El siglo XI en primera persona. Abd Allah, es un triste rey que reinó en el siglo XI en Granada y murió pobre, exiliado y nostálgico en el Norte de Africa.

Emilio García Gómez amó muchísimo a Granada. “Cuando me llaman granadino –decía el arabista- no los contradigo sino que los dejo hacer”. Este granadino con “el alma de nardo del árabe español” trasminaba Andalucía.

Francisco Arias Solís

Por esa libertad bella como la vida.

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José Manuel Pabón por Francisco Arias Solís

Sábado, Julio 25th, 2009

JOSÉ MANUEL PABÓN
(1892-1978)

“Serrana de la alegría,
esquiva como tu sierra,
casta como la peonía,
que llaman en esta tierra
rosal de Santa María.”
José Manuel Pabón.

LA VOZ DEL PROFESOR POETA

En los poemas de Pabón hay lozanía y maestría, finalidad y fluidez, desenvoltura e inspiración: características todas ellas de una determinadas maneras andaluzas en las que hay que insertar a José Manuel Pabón. Una Andalucía distinta a la del tópico pero más auténtica. En los poemas de Pabón, la tierra tiene un valor esencial como acontecía en Virgilio o en Horacio: la tierra o el agua, que viene a ser lo mismo, es el elemento esencial en la literatura grecolatina.

José Manuel Pabón y Suárez de Urbina, hermano del eminente historiador, Jesús Pabón, nace en Sevilla en 1892. Bachiller con los jesuitas del Puerto de Santa María. Estudiante en Deusto, Sevilla y en Granada, comienza como tantos otros la carrera de Derecho para dedicarse exclusivamente a la de Filosofía y Letras. Catedrático de Latín en los Institutos de Zaragoza y Baeza. Posteriormente gana la cátedra de Lengua y Literatura latinas de la Universidad de Salamanca y, finalmente, la de Lengua griega de la Universidad de Madrid. En colaboración con Eustaquio Echauri da la a la estampa un Diccionario de griego-español que manejan los jóvenes estudiantes que se acercan a los estudios clásicos. Diccionario que es conocido como Diccionario griego VOX, debido a la editorial que lo editó durante cierto tiempo, si bien, después ha sido editado por otras muchas editoriales.

Pabón ha sido en nuestra época, traductor de Homero al español; también de Platón, de Salustio, de Cicerón o de Tucídedes. Y publica en Barcelona, en 1940, un libro de poemas bajo el título de Poemas de la ribera. En este libro Pabón canta al pueblo sevillano de Villanueva del Río en el que pasó su juventud. En Pabón conviven muchas cosas y el poeta recuerda a sus mayores “todos de la ciudad, de la aldea, / Marqueses y pastores, / que daban al consejo a sus menores / en alto solio o en sillón de nea”. El decir popular de un San Matías que iguala las noches y los días, haciendo entrar el sol por las umbrías, le sugiere un poema ágil y vivo: “Vas de santo delantero / por el año; / alegra al ovejero y al rebaño. / Entra el sol por las umbrías, / San Matías!”.

Su pluma tocó todos los registros de la publicística normal de un profesor español: manuales, enciclopedias, diccionarios, libros, artículos en revistas de alta divulgación y en especializadas, alguna que otra esporádica aparición en la prensa diaria.

Sus dotes de gran poeta le ayudaron grandemente en su percepción de los valores literarios del pasado grecolatino. Amó a su suelo natal. Las tierras, los paisajes tan humanizados en Andalucía fueron cantados por él en versos de tersura formal y hondo contenido. Vivió en continua saudade de su Sevilla, de su Granada, de su Villanueva del Río, de su Baeza; deseó lo mejor para sus gentes. A su muerte, acaecida en el 28 de abril de 1978, y como sucede siempre aquí, estas le pagaron con impenetrable silencio y hosquedad. Cerca de la Villa y Corte reposan sus cenizas. Y en el silencio del olvido quedan versos como estos: “Oh tierra que mis abuelos con su sangre regaron, / oh tierra que mis padres con sus manos labraron, / -oh tierra que los unos ganaron al moro- / y los otros vistieron con el manto real de las espigas de oro”.

Francisco Arias Solís

Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

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Antonio Fernández Grilo por Francisco Arias Solís

Viernes, Julio 24th, 2009

ANTONIO FERNÁNDEZ GRILO
(1845-1906)

“Hay en mi alegre sierra
sobre las lomas,
unas casitas blancas
como palomas.
Le dan dulces esencias
los limoneros,
los verdes naranjales
y los romeros.”
Antonio Fernández Grilo.

LA VOZ DEL POETA DE LAS ERMITAS

La robusta personalidad literaria de Fernández Grilo no ha sido todavía objeto del detenido estudio que, sin embargo, merece. En este sentido podría afirmarse que ha de llegar la hora de que se repare la enorme injusticia que entraña el olvido de su obra.

“Ingenio cordobés en toda la extensión de la frase –escribía Francisco P. Blanco-, poeta por temperamento, por educación, por hábito o segunda naturaleza, que remonta el vuelo de su numen a alturas inaccesibles y se somete con docilidad a todos sus caprichos”.

Sus composiciones casi siempre retóricas le valieron el sobrenombre de “Castelar de la poesía”. Vicente Aleixandre evoca en el balneario de Mondariz al “poeta cortesano, Grilo, delicia de los salones, cuya mano siempre amable mostraba ya una cierta fatiga, la justamente elegante, de firmar, de “repentizar” sobre la páginas crema de tantos y tantos aristocráticos álbumes”.

El poeta de las Ermitas tuvo una aureola de atracción extraordinaria, misteriosa, verdaderamente mágica, en vida, cautivando a las muchedumbres con la recitación de sus poesías –hecha por el autor de un modo tan magistral que sólo Zorrilla le igualó- y consiguiendo a la vez, lo que parecería más difícil, el fervor de los aristócratas, y hasta Isabel II, que le publicó un libro, Ideales, y de Alfonso XII, que sabía de memoria muchas de las estrofas de Grilo.

Antonio Fernández Grilo nació en Córdoba en 1845. Fue periodista, dirigiendo en su ciudad natal El Andaluz. Y allí publicó su primer libro Poesías (1869). De Córdoba se trasladó a la Villa y Corte y pensó ganarse la vida, consagrándose al ejercicio de su profesión: el periodismo. Ingresó en la redacción de El Contemporáneo. Después perteneció a las de La Libertad, El Tiempo, El Debate, El Arco Iris… Otro poeta, José Selgas, decía a Grilo, que su libro era algo extemporáneo, un producto mental que estaba en “desuso”.

“Se escribe, se imprime y se lee más rápidamente cualquier periódico –escribía Selgas el 10 de julio de 1869-, cosa bien natural si advierte que el carácter distintivo de nuestra época es estar de prisa”.

Grilo es un poeta que si no hubiera compuesto más que Las Ermitas de Córdoba, tendría suficiente bagaje para traspasar los umbrales de la inmortalidad. Conocidísima es esta bella composición suya, de estrofas inspiradas y ágiles, henchida de ternura, cuajada de elegantes imágenes, que se adhiere a la memoria en virtud de su espontaneidad y maravillosa sencillez, y no se olvida jamás. En buena lid ha ganado la popularidad de que goza.

La vena mística de Grilo fluye copiosa, caudalosa, en otras hermosísimas composiciones: La Virgen de la Fuensanta, María al pie de la Cruz, La muerte de Jesús y El adiós al Convento. Canta también el poeta al amor: ¡Ella es así!, ¡Ha muerto! Canta el dolor humano: El día de difuntos, En el cementerio. Canta a la naturaleza: El águila, La primavera.

Transcurrido más de un siglo desde la muerte de Grilo (falleció en Madrid el 9 de julio de 1906, sin tomar posesión del sillón de la Academia de la Lengua, que se le había otorgado meses antes), con más dilatada perspectiva para contemplar su personalidad literaria y su obra poética, podemos decir que Grilo es todavía un poeta actual que ha prestado un indiscutible servicio a la cultura española y a las letras en particular. Y como dijo El poeta de las Ermitas: “¡¡Contemplad tu magnífica grandeza, / alza tu frente, de laurel ceñida, / y verás que has nacido cuando empieza / sobre la tierra a palpitar la vida!!”.

Francisco Arias Solís

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

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Gabriel Celaya por Francisco Arias Solís

Viernes, Julio 24th, 2009

GABRIEL CELAYA
(1911-1991)

“Mientras haya en la tierra un solo hombre que cante,
quedará una esperanza para todos nosotros.”
Gabriel Celaya.

LAVOZ DE LA PAZ Y LA ESPERANZA

Gabriel Celaya es el verso que no cesa. Es una tenaz y larga tentativa de transformar el mundo por la poesía. Su lenguaje es deliberadamente de carácter conversacional. “Lo importante –decía Celaya- no es hablar del pueblo sino hablar con el pueblo”. Y añadía: “Démonos a los demás para ser quienes de verdad somos. Demos, al darnos, la paz y la esperanza”. Celaya asume la conciencia de las gentes anónimas que se hallan a su alrededor y habla por ella con una actitud de solidaridad y esperanzada alegría en el futuro.

Gabriel Celaya y Juan de Leceta son dos seudónimos literarios de Rafael Múgica Celaya. El poeta nace en Hernani (Gipuzkoa), el 18 de marzo de 1911. Cursa el bachillerato en San Sebastián y la carrera de Ingeniero Industrial en Madrid. Sus años de permanencia en la Residencia de Estudiantes fueron decisivos para su formación. Allí se encontró con Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Emilio Prados, Moreno Villa, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Gerardo Diego… Por aquellos años a Celaya le preocupaba la pintura y la literatura. Viaja a Cuba en noviembre de 1967 y participa en el Congreso de la Cultura que tuvo lugar en La Habana en enero de 1968.. En este mismo año viaja a Brasil para tomar parte en el acto de inauguración de momento erigido a García Lorca en la ciudad de San Pablo. Gabriel Celaya muere en Madrid el 18 de junio de 1991, sus cenizas fueron aventadas en Hernani y San Sebastián, según sus deseos.

En 1935 y 1936 escribe sus dos primeros libros. Marea del silencio y La soledad cerrada, por este último obtiene el premio del Centenario Bécquer, otorgado por el Lyceum Club Femenino de Madrid. En los años de la inmediata posguerra el poeta, según su propia confesión, “1940-1945. Sigue escribiendo tercamente, pero ya no sabe para qué, pues ha renunciado a publicar en tanto no cambien las circunstancias. Sus mejores amigos están en el exilio, y la poesía camina en una dirección contraria a la que él cree justa”. Es a partir de 1947 cuando Celaya va a comenzar una intensa actividad poética, una de las obras más fecundas –si no la que más- de nuestra poesía contemporánea. En la Colección Norte, de San Sebastián, fundada por él y por Amparitxu Gastón –unidos en la poesía como en la vida- aparecen los libros Movimientos elementales y Tranquilamente hablando, los dos en 1947, el segundo bajo el nombre de Juan Leceta y en el que se adelanta una poética de la sencillez, un verso narrativo, casi prosaico a veces, que canta el goce sensorial, el universo cotidiano de las cosas, su verdad inmediata. En Las cosas como son, breve libro unitario, largo poema, publicado en 1948, en donde una y otra vez se exalta la vida, el hecho de vivir, su suficiencia “-Comprendan, es fácil -me basta la vida-”, su victoria sobre la muerte. El mismo poeta dijo posteriormente de este periodo 1947-1949: “Son los años de alegría, de combate y de fe”. Su estilo directo y la temática vital evolucionó hacia la denuncia social: “Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que lavándose las manos se desentienden y evaden”. Aparecen nuevos libros poéticos: Las cartas boca arriba (1951), Cantos íberos (1955), una de las obras más comprometidas, De claro en claro (1956), premio de la Crítica en 1957, Poesía urgente (1960), Baladas y decires vascos (1965), Campos semánticos (1971), Trilogía vasca (1984) y El mundo abierto (1986). Escribió también novelas como Lázaro calla (1949) y Lo uno y lo otro (1965); ensayos, como Exploración de la poesía (1964), Los espacios de Chillida (1974) y Memorias inmemoriales (1981). Fue traductor de Rilke, Rimbaud y Paul Eluard.

En 1963, se le concede en Italia, el Premio Internacional Libera Stampa y en 1968, el Premio Internacional de Poesía Etna-Taormina. En 1986 se le concedió el Premio de las Letras Españolas y en 1987 el Premio Nacional de Literatura.

Hay un libro en prosa, escasamente citado, de Gabriel Celaya, un hermosísimo libro, titulado Tentativas que fue impreso en los primeros días de julio de 1936. Volviendo a leer este libro, y teniendo presente toda la obra posterior de Celaya, no hay más remedio que pensar que toda esta inundación de versos, que gritan o que claman, que quieren poner “las cartas boca arriba”, que tratan de producir una agitación moral para el entendimiento del sufrir y el esperar humano, no son sino un intento de salvar el humanismo, la realidad pura del arte, la unamuniana tragedia hambre de inmortalidad.

La poesía de Celaya tiene el sortilegio de lo que ha sido creado entre cosas naturales. Esta poesía del pueblo tiene ese sello de lo que debe vivir a la intemperie soportando la lluvia, el sol, la nieve, el viento. Es poesía que debe pasar de mano en mano. Poesía que ha sido golpeada, que no tiene la simetría griega de los rostros perfectos. Tiene cicatrices en su rostro alegre y amargo. Poesía verdadera y sin más. Poesía que es como un grito que permanece en el aire. “Son gritos en el cielo”, nos dice el poeta.

La evolución de Celaya hacia la estética del compromiso es muy clara y auténtica. Celaya pasa a la participación , impulsando la corriente de lo que se ha dado en llamar poesía social, poesía al servicio de algo, concebida –en sus propias palabras- como una “herramienta para transformar el mundo”.

Francisco Arias Solís

Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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María Isidra de Guzmán y de la Cerda por Francisco Arias Solís

Martes, Julio 21st, 2009

MARIA ISIDRA DE GUZMAN
(1768-1803)

“Yo, indulgente más que justo,
en sus obras quiero hallar
algo que pueda alabar;
pero no logro ese gusto.”
R. J. de Crespo.

LA VOZ DE LA PRIMERA ACADEMICA

Entre las mujeres españolas del siglo XVIII de sólida cultura se acostumbra a citar antes que a ninguna a “la doctora de Alcalá”, sin duda porque este título le dio una fama de las que otras carecieron.

Mas esta preferencia es a todas luces arbitraria, ya que María Isidra de Guzmán no sólo no ha dejado ninguna obra que merezca la admiración de la posteridad (no pueden considerarse como tales sus Oraciones a la Academia Española, a la Real Sociedad de Amigos del País, y menos aún las décimas con que agradeció al Rey una cruz concedida a su marido), sino que se haya cumplidamente demostrado que sus traducciones de los clásicos griegos fueron hechas de una versión francesa.

María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, hija de Diego de Guzmán, conde de Oñate, y de María Isidra de la Cerda, condesa de Paredes, nació en Madrid el 31 de octubre de 1768. El 9 de septiembre de 1789 se casó con Rafael Alfonso de Sousa, marqués de Guadalcázar e Hinojares, con quien se trasladó a Córdoba, donde murió el 5 de marzo de 1803, siendo enterrada en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas.

Por su rango, María Isidra vivía muy cerca de Carlos III, quien le había cobrado, desde niña, singular cariño; quizá no le desagradase tampoco, a este monarca, por aquello de que nunca amarga un dulce, y de que las lisonjas raras veces molestan, encumbrar oficial y académicamente a una muchacha, cuyo vivo ingenio le deparaba las flores de los más rendidos ditirambos. El hecho es que Carlos III quiso ver a María Isidra doctora, para ello, por orden expresa del Rey (cual consta en una esquela de mano de Floridablanca, y en una reales cédulas) el Claustro de la Universidad de Alcalá examinó a la joven, para ver “si la consideraba acreedora a la investidura de los grados de doctora en Filosofía y Letras Humanas”.Tras examinarse es nombrada doctora, el 6 de junio de 1885, en un acto en el que se suprimió el abrazo que el rector y los doctores debían darle en señal de fraternidad, se supone que por motivos de “decencia”.

¿Cómo no iba a declararla el Claustro acreedora a éstos y a cuantos títulos quisiese el Rey? He aquí, pues, a María Isidra, doctora, a los diecisiete años, por la Universidad de Alcalá -investidura que se celebró con inusitada pompa, el claustro acuñó incluso una moneda de plata-, académica de la Española y miembro de la Sociedad Económica matritense. Todo lo cual cabe suponer que con gran satisfacción por parte de Carlos III, a quien, en su discurso de ingreso en la Económica, mostró su gratitud en estos términos: “El gran Carlos III, que excediendo a Camilo en el amor a la patria, a Torcuato en la igualdad de la justicia, y en el desvelo a Temistocles…”

Los que no recibieron de “la doctora de Alcalá” semejantes alabanzas, no pudieron por menos de considerar cuán caprichosa puede resultar la fama que aureola a una erudita, aunque no dejemos de reconocer sus méritos y las múltiples dificultades que tuvo que vencer en su época por su condición de mujer.

Francisco Arias Solís

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Ventura de la Vega por Francisco Arias Solís

Domingo, Julio 19th, 2009

VENTURA DE LA VEGA
(1807-1865)

“Pon en olvido profundo
esa experiencia fatal;
que no basta pensar mal
para ser hombre de mundo.”
Ventura de la Vega.

LA VOZ DE LA ALTA COMEDIA

Iniciador de la llamada “alta comedia”. Liberal en su juventud, formado en el colegio de San Mateo, que regentaba Lista y Hermosilla, participó en las luchas contra los absolutistas. Ventura de la Vega está considerado como el iniciador del drama “realista” y señala más que una oposición al romanticismo, la evolución y término de éste.

Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas, más conocido por Ventura de la Vega, nace en Buenos Aires el 4 de julio de 1807. Aunque argentino de nacimiento, siempre se preció del doble título americano-español, fundiendo en uno sólo sus dos grandes amores: el de la patria nativa y el de la patria de sus progenitores: “La madre España en su seno / me dio acogida amorosa: / suyo fui; más siempre yo / recordé con noble orgullo / que allá mi cuna, al arrullo / de las auras, se meció”. Al quedar huérfano de padre a los cinco años, su madre, para darle educación esmerada, lo envía a España bajo el cuidado de un tío suyo. Asiste en Madrid al colegio de la calle de San Mateo, y, al ser clausurado éste por orden de Calomarde, continúa recibiendo lecciones en casa de don Alberto Lista. Es uno de los fundadores de la Academia del Mirto, que preside el mismo Lista. Tiene por condiscípulo en esta época a Espronceda, con quien le uniría siempre entrañable amistad. Forma parte de la sociedad secreta Los Numantinos, lo que le ocasiona un arresto de tres meses que cumple en el convento de los Trinitarios. Se abre camino en el mundo literario con traducciones y arreglos de piezas del teatro francés. Obtiene pronto un empleo como auxiliar del ministerio de la Gobernación. En 1836 se le nombra secretario del Conservatorio, y allí conoce a la cantante doña Manuela de Lema, con la que contrae matrimonio, y que había de influir notablemente en el cambio de sus ideas, según testimonio de Valera. Profesor de literatura luego de Isabel II y más tarde su secretario particular. Agregado a la Embajada Española de París y, sucesivamente, director del Teatro Español, del Conservatorio y subsecretario de Estado. Fue también desde 1842 académico de la Española y Gran Cruz de Isabel la Católica. Murió en Madrid el 28 de noviembre de 1865. Hijo suyo fue Ricardo de la Vega, autor de numerosas obras del llamado “género chico”, entre ellas la famosísima La verbena de la Paloma.

Aunque Ventura de la Vega cultivó la lírica con notable fortuna su fuerte estriba es el teatro. Escribe libretos de zarzuela, alguno tan conocido como Jugar con fuego (1853). Menos fama alcanzaron El marqués de Caravaca y La cisterna encantada. Compone una feliz imitación de los autos sacramentales: La tumba salvada; y una Crítica de El sí de las niñas. Procura imitar el teatro de Moratín, si bien acomodándolo a su época, en El hombre de mundo (1845). En esta obra se introduce la alta clase media como tal –terratenientes que viven en Madrid de sus rentas y sin trabajar-, clase pudiente que no tiene que ocuparse en nada y habla de celos, de amor, de matrimonio; habla de eso filosóficamente como el título indica. Su tono y estilo son naturales; su relación con los criados también. Los señoritos aluden al “demi monde” con modales que le convienen y que son si no más auténticos por lo menos tanto como los de salón. Pese a la intención del autor, penetramos en ese mezquino mundillo socio-moral. En cambio, la intención del comediógrafo es evidente por lo que se refiere a la renovación espacial y al manejar una acción sencilla con personajes de sus días. Con El hombre de mundo alcanza Ventura de la Vega su mayor éxito y uno de los triunfos mayores de la época. El hombre de mundo preludia la “alta comedia” y es el paso obligado para llegar desde Bretón a López de Ayala o a Tamayo y Baus.

El hombre de mundo, juntamente con Don Fernando de Antequera (1847) y La muerte de César (1865), son los tres dramas que otorgan a Ventura de la Vega un puesto avanzado en nuestro teatro del siglo XIX. Es autor asimismo del libreto de la zarzuela Jugar con fuego.

Lo mejor de su obra lírica hay que buscarlo en algunos poemas de su juventud: Orillas del Pusa, Imitación de los salmos, El canto de la Esposa y su oda A mis amigos.

Ventura de la Vega es uno de los buenos dramaturgos de su siglo, y en muchos aspectos superior a cualquiera de aquellos a quienes hizo la honra de traducir. “Ventura de la Vega -escribe Menéndez Pelayo- ha pasado ya a la categoría de los clásicos modernos”. Y añade: “El más correcto, atildado y pulcro, y el más académico, en suma, de todos los artistas literarios de la generación a que perteneció”. Y como dijo el poeta americano-español: “Hoy, que a coyuntura tirana / suceden fraternos lazos, / y España tiende los brazos / a la América, su hermana: / bañado en júbilo santo, / yo, americano-español, / a la clara luz del sol / la unión venturosa canto”

Francisco Arias Solís

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